Lejos de los estereotipos de ciudad tradicional, jarana y guayaberas, la capital yucateca también alberga subculturas juveniles y creativas que pasan desapercibidas para la mayoría. Entre ellas destacan los llamados furries y therians, comunidades distintas pero a menudo confundidas, que han encontrado en Yucatán un espacio para convivir, expresarse y construir identidad.
Uno de los colectivos más visibles es Mayafur, integrado por jóvenes —y también adultos— que adoptan personajes animales antropomorfos como forma de expresión artística y recreativa. Su dinámica es sencilla pero llamativa: diseñan su propia “fursona” (personaje animal que los representa), confeccionan o adquieren un “fursuit” (traje completo) y organizan reuniones para convivir, tomar fotografías y compartir contenido en redes sociales.
Para sus integrantes, se trata de un pasatiempo creativo que mezcla ilustración, diseño, actuación y comunidad. No hay, aseguran, ninguna intención de escandalizar ni de romper normas sociales: simplemente buscan un espacio donde puedan “ser algo más” por unas horas.
Furry vs. Therian: dos mundos distintos
Aunque a menudo se meten en el mismo saco, especialistas en cultura digital y miembros de estas comunidades subrayan que furry y therian no son lo mismo.
- Furry: participación lúdica y artística. Se trata de interpretar o encarnar personajes animales ficticios, similar a un cosplay enfocado en criaturas antropomorfas.
- Therian: vivencia identitaria. Las personas therian afirman sentir una conexión interna profunda —psicológica, espiritual o identitaria— con un animal específico. No lo consideran un juego ni un disfraz.
Mientras el furry “interpreta” a un lobo, zorro o dragón por diversión o creatividad, el therian sostiene que esa animalidad forma parte de su identidad personal. Muchos no usan trajes ni buscan visibilidad pública; su vivencia suele ser privada o compartida solo en círculos de confianza.
Presencia discreta en espacios públicos
En parques, plazas o eventos alternativos de la ciudad no es raro encontrar pequeños grupos con orejas, colas o accesorios inspirados en animales. Sin embargo, la mayoría opta por mantener un perfil bajo para evitar burlas, estigmatización o malentendidos.
Sociólogos locales señalan que este tipo de subculturas florecen especialmente en ciudades con población estudiantil y acceso a internet, donde las comunidades globales encuentran eco a nivel local. Las redes sociales han sido clave para que jóvenes meridanos descubran que no están solos en sus intereses.
Más allá del estereotipo
Contrario a ideas difundidas en línea, no todos los furries poseen trajes completos —que pueden costar miles de pesos— ni todos los therians realizan conductas “animales” en público. Para muchos, la participación se limita al arte digital, la escritura, los videojuegos o la convivencia.
Además, expertos en psicología advierten que no se trata de trastornos ni de fenómenos peligrosos por sí mismos, sino de formas contemporáneas de identidad y pertenencia que surgen en la era digital.




