El sargazo que llega de manera masiva a las costas del Caribe mexicano posee un alto potencial para ser aprovechado en distintas industrias, pero la presencia de arsénico y otros metales representa actualmente una de las principales limitantes para utilizar algunos de sus compuestos.
Especialistas de la Unidad Mérida del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) analizaron muestras de sargazo fresco y descompuesto recolectadas en las costas de Quintana Roo, como parte de investigaciones sobre su toxicidad ambiental y potencial biotecnológico.
Los investigadores Reyna Cristina Collí Dulá y Héctor Peniche Pavía estudian el comportamiento del sargazo pelágico (Sargassum spp.), que llega al Caribe mexicano transportado por las corrientes marinas y que, al acumularse en grandes cantidades en las playas, comienza un proceso acelerado de descomposición.
Collí Dulá explicó que el sargazo fresco presenta una coloración amarillenta y concentra diversos metales, entre los cuales destaca el arsénico.
Por su parte, Peniche Pavía señaló que esta macroalga funciona como una especie de “acarreador de un cóctel de contaminantes”, debido a que durante su recorrido por el mar puede absorber diferentes elementos presentes en el ambiente.
Esta situación limita el aprovechamiento de algunos de los compuestos de interés presentes en el sargazo, particularmente sus antioxidantes, debido a la concentración de metales detectada en las algas frescas.
El sargazo muerto presenta otro escenario
Los especialistas también analizaron sargazo muerto o descompuesto, que adquiere una coloración café. En este estado, señalaron, el arsénico ya no está presente; sin embargo, el material presenta otras dificultades para su aprovechamiento, como olores desagradables y la presencia de gusanos derivados del proceso de descomposición.
Pese a las limitaciones, los investigadores subrayaron que el sargazo posee una composición química de interés, pues contiene carbohidratos como alginatos, fucoidanos, manitol y celulosa, además de compuestos bioactivos con propiedades antioxidantes.
Ante el crecimiento de los arribos masivos, Collí Dulá consideró necesario continuar con las investigaciones para encontrar alternativas que permitan aprovechar la macroalga de manera segura y responsable.
El fenómeno representa un desafío cada vez mayor para el Caribe mexicano. Especialistas de la UNAM han señalado que 2026 podría ser un año particularmente complicado debido a la cantidad de sargazo que se espera en las costas.




