El primer viernes de Cuaresma, tradicionalmente considerado el arranque de una de las temporadas más fuertes para la venta de pescados y mariscos, transcurrió sin el repunte esperado en el área de pescaderías del Mercado Lucas de Gálvez, donde comerciantes reportaron ingresos por debajo de sus previsiones.
Durante un recorrido por este centro de abasto del centro histórico se observó una afluencia constante de clientes; sin embargo, locatarios señalaron que la presencia de compradores no se tradujo en mayores ventas, pues predominó la adquisición de pequeñas cantidades.
Para estimular el consumo, los comerciantes mantuvieron precios estables. Entre los productos ofertados destacó el cazón asado, con un costo de 220 pesos por kilo, mientras que el cazón fresco se vendió en 100 pesos por kilo. El filete de pescado osciló entre 140 y 200 pesos, dependiendo de la especie, y el pescado conocido popularmente como “cochinita”, utilizado para asar al carbón, se ofreció en 100 pesos por kilo.
El comerciante Roger Loeza indicó que la jornada fue de baja actividad en su local, pese a contar con un producto distintivo dentro del mercado: cazón asado preparado con una receta familiar heredada de su padre. Además, ofrece tilapias con precios entre 120 y 180 pesos por kilo, así como camarones en distintas presentaciones.
Por su parte, Josué Acosta calificó el día como “normal”, sin el incremento habitual asociado al inicio de la temporada. No obstante, manifestó confianza en que la demanda aumente en las próximas semanas, conforme avance la Cuaresma.
“Les invitamos a que nos visiten en el mercado para que puedan abastecerse; hasta el momento han estado bajas las ventas, no son las que imaginábamos, pero vamos a darle tiempo al tiempo”, expresó.
En redes sociales del propio mercado y entre consumidores locales se ha insistido en la importancia de adquirir productos en los centros tradicionales de abasto, donde aseguran se ofrecen precios competitivos y pescado fresco proveniente del litoral yucateco. Sin embargo, comerciantes reconocen que factores económicos y la competencia de otros establecimientos han modificado los patrones de compra.
Los locatarios confían en que los viernes restantes de Cuaresma y la cercanía de la Semana Santa impulsen las ventas, como ocurre habitualmente cada año en este emblemático mercado de Mérida.




